Una recomendación habitual de la profesión médica para mantenerse sano en cuerpo y mente es hacer ejercicio, y a menudo basta con una buena caminata. Hay mucha evidencia científica que respalda esta sugerencia. Por ejemplo, caminar más durante la adolescencia podría estar relacionado con una mejor salud mental e incluso con determinadas características de la estructura cerebral.
Esa es la conclusión de un nuevo estudio realizado por investigadores del King's College de Londres y de la Universidad de Massachusetts Amherst. El trabajo analizó los hábitos de actividad física y el desarrollo neurológico de 5,515 adolescentes de alrededor de 12 años. Los investigadores encontraron que quienes acumulaban un mayor número de pasos diarios presentaban menos problemas de salud mental un año después y hasta diferencias en el grosor de algunas regiones de la corteza cerebral.
El estudio, publicado este mes en JAMA Network Open, se apoyó en información del Adolescent Brain Cognitive Development (ABCD) Study, una investigación longitudinal realizada en 21 centros de Estados Unidos. Los participantes usaron dispositivos Fitbit Charge 2 durante tres semanas para registrar sus pasos diarios y posteriormente fueron evaluados en aspectos relacionados con su salud mental, rendimiento académico y estructura cerebral. En promedio, los adolescentes daban 9,595 pasos al día (alrededor de 7 kilómetros).
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El resultado más consistente apareció en la salud mental. Un mayor número de pasos se relacionó con una menor cantidad de problemas de salud mental un año después. Los investigadores observaron, además, un patrón gradual. Los adolescentes que daban menos de 5,000 pasos al día presentaron la mayor cantidad de síntomas; aquellos que daban un promedio de 8,000 presentaron menos; y aquellos que alcanzaban los 12,000 o más presentaron la menor cantidad de síntomas.
“Este estudio nos brinda algunas de las pruebas más claras hasta la fecha de que incluso medidas cotidianas, económicas y accesibles de actividad física, como el conteo diario de pasos, están relacionadas con el desarrollo del cerebro y la salud mental de los adolescentes”, dijo Divyangana Rakesh, profesora titular de Neurociencia y Psicología en el King's College de Londres y autora senior del estudio. “Lo sorprendente es que este beneficio no se reduce en el rango observado, ni siquiera entre los jóvenes más activos de nuestra muestra”.
El cerebro también mostró diferencias, aunque de manera más específica. Una mayor cantidad de pasos estuvo asociada con un mayor grosor de la corteza paracentral y de la corteza cingulada anterior rostral. La primera funciona como una zona relacionada con el control motor de las extremidades inferiores y el procesamiento somatosensorial; la segunda participa en procesos vinculados con el conflicto durante el procesamiento de información.
Uno de los hallazgos más interesantes surgió cuando los investigadores analizaron si las diferencias cerebrales podían ayudar a explicar la relación entre caminar y salud mental. El grosor de la corteza paracentral mostró un efecto mediador estadísticamente significativo. Esto quiere decir que una mayor cantidad de pasos se relacionó con un mayor grosor en esa región y, a su vez, con menos problemas de salud mental un año después. Esta relación se mantuvo incluso después de considerar las medidas previas de salud mental.
“Estamos empezando a comprender las partes del cerebro que podrían estar implicadas en la relación entre los pasos diarios y la salud mental de los jóvenes", dijo Qingyang Li, responsable principal del estudio, en un comunicado. "Es un hallazgo preliminar, pero nos da una idea más clara de por dónde seguir investigando”.
Cabe aclarar que los resultados no significan que una camintar diaria provoque directamente una mejor salud mental. Se trata de un estudio observacional, por lo que no permite establecer causalidad. Los propios investigadores señalan que podrían existir factores no considerados o relaciones bidireccionales. Además, contar pasos mide principalmente actividad ambulatoria y no necesariamente captura otros tipos de ejercicio, como los deportes organizados, el juego o actividades de mayor intensidad. Tampoco apareció una relación clara entre el número de pasos y el rendimiento académico.
No obstante las limitaciones del estudio, este pone el foco en una etapa particularmente importante del desarrollo. “La adolescencia es un periodo clave para el desarrollo cerebral y la salud mental, por lo que resulta alentador comprobar que los beneficios de la actividad física se extienden a ambos”, dijo Amanda Paluch, profesora de Kinesiología de la Universidad de Massachusetts Amherst.
Añadió: “No se trata de una cuestión de todo o nada. Los adolescentes no necesitan ser atletas de élite para beneficiarse. Un incremento de entre 1000 y 2000 pasos diarios, partiendo de cualquier nivel, se asoció con una mejor estructura cerebral y una mejor salud mental, y esta relación beneficiosa se va fortaleciendo a partir de ahí”.




