Por Luis Ramón López
SANTO DOMINGO.-La ofensiva emprendida por el Gobierno colombiano del presidente Abelardo de la Espriella, contra las organizaciones dedicadas al narcotráfico y contra las disidencias de las antiguas FARC, está modificando el escenario de seguridad regional y abre una interrogante que República Dominicana, no debería pasar por alto; ¿podrían algunos integrantes de esas estructuras intentar utilizar otros territorios del Caribe como refugio, centro logístico o punto de tránsito?
La pregunta adquiere especial relevancia para la República Dominicana, por su ubicación geográfica, sus extensas costas, sus conexiones aéreas y marítimas y su proximidad con Haití, país que atraviesa una profunda crisis de seguridad.
No se trata de afirmar que República Dominicana, se esté convirtiendo en refugio de cabecillas colombianos ni que exista actualmente una operación de esa naturaleza. Es un escenario de riesgo que merece ser prevenido y vigilado por los organismos de inteligencia y seguridad del Estado.
Colombia endurece ofensiva
Desde su llegada al poder, De la Espriella, ha adoptado una política de confrontación directa contra organizaciones armadas y estructuras vinculadas al narcotráfico, abandonando la política de negociación con grupos armados que caracterizó al Gobierno anterior.
El propio mandatario colombiano informó en septiembre que, durante su administración, las autoridades habían realizado miles de capturas, incautado más de 38 toneladas de narcóticos y decomisado armas, además de operaciones contra grupos armados en distintas zonas del país.
La presión también ha alcanzado a dirigentes de estructuras disidentes de las FARC. El 25 de septiembre, Colombia extraditó a Estados Unidos a Geovany Andrés Rojas, alias “Araña”, señalado por las autoridades estadounidenses como presunto líder de los Comandos de Frontera y vinculado a actividades de narcotráfico. Reuters reportó que esta fue la primera extradición de un comandante rebelde de alto nivel bajo la administración de De la Espriella.
El efecto desplasamiento
La experiencia internacional demuestra que cuando un Estado aumenta significativamente la presión sobre una organización criminal, sus integrantes pueden intentar modificar sus rutas, esconder capitales, trasladar operaciones o buscar territorios donde puedan reducir temporalmente la presión policial.
Ese fenómeno es conocido en términos generales como desplazamiento criminal. Por ello, el endurecimiento de la persecución en Colombia obliga a observar con mayor atención las rutas internacionales del narcotráfico y no solamente las operaciones dentro del territorio colombiano.
El Informe Mundial sobre las Drogas 2026 de la ONU, por ejemplo, identifica a Colombia como el principal país de salida de cargamentos de cocaína durante el período 2020-2024 y señala que buena parte del tráfico hacia el norte se realiza por vía marítima.
Haití, un factor adicional de preocupación
Un estudio de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) documentó que Haití, ha sido utilizado históricamente como territorio de tránsito de cocaína y que gran parte de la cocaína que pasa por ese país tiene como origen señalado a Colombia. El mismo informe identificó diferentes puntos de entrada y rutas terrestres secundarias hacia República Dominicana.
La actual situación de inseguridad en Haití, hace que el problema tenga una dimensión todavía más compleja. El presidente dominicano Luis Abinader ha planteado ante Naciones Unidas la necesidad de incrementar el apoyo internacional a Haití ante el avance de la violencia de las bandas armadas.
En consecuencia, cualquier intento de utilizar territorio haitiano como corredor, refugio o plataforma logística para organizaciones criminales internacionales tendría necesariamente implicaciones para la seguridad dominicana.
Evitar que RD pase de una ruta a plataforma
La preocupación fundamental no debería limitarse a impedir el ingreso de cargamentos de drogas. El desafío mayor sería evitar que República Dominicana, pudiera convertirse en un centro de almacenamiento, coordinación financiera, lavado de activos, refugio temporal o planificación logística de organizaciones criminales internacionales.
Ese escenario exigiría una respuesta preventiva mucho antes de que aparezcan estructuras consolidadas. La posición geográfica dominicana, sus puertos, aeropuertos, actividad turística, sector inmobiliario, sistema financiero y conexiones internacionales constituyen elementos que deben ser permanentemente protegidos frente a cualquier intento de penetración del crimen organizado.
Cooperacion regional
El Gobierno dominicano ya participa en mecanismos de cooperación internacional contra el crimen organizado. En agosto, una delegación de alto nivel encabezada por el ministro de Defensa participó en Panamá en el Foro de la Coalición de las Américas Contra los Cárteles, junto a autoridades de seguridad y defensa de aproximadamente 18 países.
El encuentro abordó precisamente asuntos como intercambio de inteligencia, seguridad fronteriza y coordinación contra estructuras criminales transnacionales. Ese tipo de cooperación adquiere especial importancia ante un eventual desplazamiento de organizaciones criminales desde Colombia hacia otras áreas de América Latina y el Caribe.
Una alerta que debe tomarse a tiempo
El escenario planteado no significa que República Dominicana, esté destinada a convertirse en refugio de narcotraficantes colombianos. No existe, en las fuentes consultadas, evidencia suficiente para afirmar que actualmente esté ocurriendo una operación sistemática de esa naturaleza.
Pero tampoco sería prudente esperar a que aparezcan las primeras señales para comenzar a actuar. La experiencia de Colombia, México, Ecuador y otros países de la región demuestra que las organizaciones criminales tienen capacidad para adaptarse rápidamente a los cambios en la presión policial y militar.
Por eso, mientras Colombia aumenta la persecución contra los grandes actores del narcotráfico y las estructuras armadas, República Dominicana debe reforzar sus sistemas de inteligencia, control fronterizo, vigilancia marítima y aeroportuaria, persecución del lavado de activos y cooperación internacional.
La frontera dominico-haitiana representa, además, un punto que merece atención permanente. La seguridad de la República Dominicana no depende únicamente de lo que ocurra dentro de sus fronteras, sino también de la capacidad del Estado para anticipar las consecuencias regionales de las transformaciones del crimen organizado.
La advertencia, por tanto, no es que el peligro ya esté instalado; es que las condiciones regionales justifican elevar la vigilancia antes de que cualquier organización criminal encuentre en territorio dominicano un espacio para reorganizarse, esconderse o ampliar sus operaciones.




