Durante siglos fue una planta utilizada tradicionalmente en el sudeste asiático. Ahora el kratom se ha convertido en un producto cada vez más visible en Estados Unidos, donde puede encontrarse en establecimientos de barrio, comercios especializados e incluso gasolineras. Su expansión ha abierto un debate entre quienes aseguran encontrar en él alivio frente al dolor y quienes advierten de sus riesgos, especialmente cuando se comercializa en fórmulas concentradas.
El kratom procede del árbol Mitragyna speciosa, originario de países como Tailandia, Malasia e Indonesia. Tradicionalmente, sus hojas se molían y consumían de manera similar al té por sus propiedades estimulantes. Su entrada con fuerza en el mercado estadounidense como suplemento se produjo aproximadamente a partir de 2016.
El cambio no ha sido únicamente geográfico. En Estados Unidos se comercializa principalmente en cápsulas, pastillas, polvo y preparados líquidos, algunos de ellos altamente concentrados. Su amplia disponibilidad ha llevado a grupos contrarios a la venta libre a utilizar una denominación deliberadamente alarmista: la llamada “heroína de las gasolineras”.
Según BBC News, el producto suele promocionarse como una alternativa herbal para personas que buscan controlar el dolor, la ansiedad o la depresión. En cantidades bajas puede producir efectos estimulantes comparados por especialistas con los de la cafeína, mientras que en cantidades mayores puede provocar efectos más cercanos a los de determinadas sustancias opioides.
Natural no significa necesariamente inocuo
Uno de los puntos que más inquietan a los especialistas es precisamente esa percepción. Que una sustancia tenga origen vegetal no significa automáticamente que sea segura. Entre los compuestos presentes en el kratom se encuentran la mitraginina y la 7-hidroximitraginina, responsables de buena parte de sus efectos farmacológicos.
A dosis elevadas pueden aparecer euforia, alteraciones perceptivas y una mayor depresión del sistema nervioso central. El artículo recoge además advertencias sobre problemas respiratorios y cardiovasculares en situaciones graves.
Existe además otro riesgo menos inmediato pero igualmente relevante: la dependencia. Especialistas en adicciones consultados para el reportaje describen casos de tolerancia progresiva, en los que una persona necesita aumentar el consumo para conseguir efectos similares, además de síntomas de abstinencia cuando intenta dejarlo.
La discusión estadounidense se complica por la regulación. El kratom no cuenta con una normativa federal uniforme comparable a la de un medicamento aprobado y distintos estados han adoptado respuestas diferentes. El texto señala que 11 estados estadounidenses lo habían prohibido en septiembre de 2026, mientras en otros continúa siendo legal.
El debate tampoco enfrenta simplemente a defensores y detractores de la planta. Algunas organizaciones favorables al kratom reclaman distinguir el producto vegetal tradicional de derivados sintéticos o altamente procesados comercializados bajo el mismo nombre. Esa diferencia resulta importante porque hablar de “kratom” puede agrupar productos con concentraciones y composiciones muy distintas.
Su historia resume una paradoja cada vez más frecuente en el mercado de los suplementos: una sustancia utilizada durante generaciones entra en una industria moderna capaz de concentrarla, transformarla y venderla masivamente. El verdadero interrogante ya no es únicamente qué es el kratom, sino qué contiene exactamente cada producto, en qué concentración y bajo qué controles llega al consumidor. Ahí se encuentra buena parte de la preocupación que ha convertido una discreta planta asiática en un nuevo debate de salud pública en Estados Unidos. @mundiario




