Hace unos meses, cuando oficialmente se abrió el proceso para sustituir a Antonio Guterres al frente de la Secretaría General de Naciones Unidas, la entonces presidenta de la Asamblea General, la alemana Annalena Baerbock, marcó el tono diciendo que “el mundo espera que el próximo secretario general proporcione un liderazgo fuerte, dedicado y eficaz”.
El objetivo, señaló, es cumplir con los tres pilares de las Naciones Unidas: paz y seguridad, derechos humanos y desarrollo, además de preparar a la organización para el futuro. Sin embargo, las expectativas sobre el próximo secretario general no necesariamente coinciden con los intereses de las principales potencias.
La ONU sigue siendo una institución fundamental para millones de personas, incluidos refugiados y poblaciones vulnerables. Al mismo tiempo, su funcionamiento está condicionado por su diseño institucional, especialmente por el poder del Consejo de Seguridad y el derecho de veto de sus cinco miembros permanentes.




