Austin.- Desde un centro de detención en el sur de Texas, y con una de las balas que le disparó un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) todavía dentro de su cuerpo, el venezolano Wilber Garcés relató telefónicamente a reporteros locales las últimas 24 horas de su vida, en las que pasó de trabajar repartiendo a domicilio a estar retenido en el sur de Texas.
«No recibí la atención médica adecuada«, contó Garcés, de 29 años, durante una rueda de prensa en la que su abogada, Kate Lincoln-Goldfinch, llamó a su cliente y lo puso en altavoz. En el acto con los medios también estuvo presente su esposa, Elizdar, al igual que decenas de activistas y políticos locales.
Garcés fue interceptado el domingo sobre la 13.00 hora local al norte de Austin, Texas por agentes de ICE que iban en una camioneta negra, sin marcas que la identificaran con un vehículo policial. Los oficiales, cuyos nombres no han sido revelados, dispararon contra su carro y lo hirieron en la espalda.
El incidente, que provocó protestas en la capital de Texas y una ola de rechazo por parte de activistas y legisladores en EE.UU., fue el punto que marcó un cambio de 180 grados a la vida que construía junto a su esposa desde que llegó al país en 2024.




