Mientras investigaba para The Road Not Taken (título aún sin estreno confirmado en España), su drama que se estrena en el Festival de Cine de Toronto, el cineasta Peter Chan Ho-sun visitó uno de los que considera mejores centros para enfermos de alzheimer en Chengdu. De allí se llevó ocho palabras que, según él, influyeron en casi todas las decisiones de la película: shun shi er wei, shi ke er zhi, algo así como dejarse llevar, saber cuándo parar.
El centro ofreció esa frase como guía para las familias de pacientes con demencia: no corregirlos, no discutir con ellos, seguir su intuición, pero reconocer el punto en el que hay que soltar. Chan asegura que aplicó la misma regla como director de una cinta protagonizada por Zhou Xun, presentadora de televisión que enfrenta un alzheimer de inicio temprano.
El proyecto no llegó a Chan con libertad para moldearlo desde cero. Le entregaron un guion que llevaba años en desarrollo, anterior incluso a She's Got No Name. Lo leyó, le gustó y se apartó, pensando en producir mientras otro director tomaba el mando. Tras pasar por varias manos, los productores volvieron a buscarlo y Chan reescribió el guion, conservando solo una línea del borrador original.
Una reescritura sin sermones
En esa reescritura apareció la otra mitad del lema: saber qué no hacer. Chan se opuso a convertir el material en una denuncia sobre una enfermedad; prefería explorar cómo la desintegración de una familia puede, paradójicamente, terminar sanándola. Por eso evitó un arranque dramático: Jia Jia, el personaje de Zhou, olvida el término inteligencia artificial en un programa en directo y lo sustituye por talento artificial, un lapsus cotidiano que marca el inicio de los síntomas.
Ese punto de vista, pegado a la experiencia de la paciente, llevó a Chan a su decisión más arriesgada. El final original llevaba la idea de dejarse llevar al extremo: cuatro actores desconocidos sustituían en silencio a los protagonistas, para mostrar cómo Jia Jia ve a su familia como extraños. Chan lo rodó, pero no sobrevivió al montaje por resultar chocante, así que volvió a filmarlo con Zhou recitando líneas de una transmisión antigua ante su familia real.
Un reencuentro con Zhou Xun
La actriz se reencuentra con Chan 21 años después de Perhaps Love, su musical de 2005. El director dudaba de que Zhou, habitualmente elegida para papeles cálidos, pudiera interpretar a un personaje huraño. La dejó encontrar el tono por sí misma, y el rodaje tuvo un promedio de apenas dos tomas por escena.
Chan también cambió la profesión de Jia Jia, de influencer a presentadora, algo con lo que pudo identificarse desde su propio oficio. Para el padre eligió a Tian Zhuangzhuang, cineasta con poca experiencia como actor, que al principio rechazó el papel por no considerarse profesional.
El rodaje se cerró en 32 días, sin descansos, con un presupuesto de una quinta parte del de su anterior película. Esa filosofía guio también el estreno: Chan insistió en presentar la cinta primero en Toronto y no en China, consciente de lo rápido que una reacción negativa en redes puede condicionar una película. Las proyecciones privadas ya muestran una respuesta constante: buena parte del público conecta con el alzheimer desde su propia experiencia familiar.




