No todas las películas animadas están hechas para niños y Mary and Max es probablemente uno de los mejores ejemplos. Estrenada en 2009 y dirigida por Adam Elliot, esta producción australiana utiliza el stop motion para contar una historia sobre amistad, soledad y la necesidad humana de encontrar a alguien que nos comprenda.
La película comienza con Mary Daisy Dinkle, una niña de ocho años que vive en los suburbios de Melbourne, Australia. Con una complicada vida familiar y pocas amistades, Mary decide escribir una carta al azar a una persona que vive al otro lado del mundo.
Su mensaje termina en las manos de Max Jerry Horovitz, un hombre de 44 años que vive en Nueva York y lleva una existencia marcada por el aislamiento y sus dificultades para relacionarse con otras personas. A pesar de sus enormes diferencias, ambos comienzan a intercambiar cartas.
Lo que parece una correspondencia casual termina convirtiéndose en una amistad que se extiende durante años. Mary y Max comparten sus miedos, preguntas, inseguridades y experiencias mientras sus vidas continúan avanzando a miles de kilómetros de distancia.
Una de las grandes particularidades de la película es su estética. Prácticamente todo el mundo de Mary está construido con tonalidades marrones y apagadas, mientras el universo de Max está dominado por grises y negros. Pequeños elementos de color adquieren así un significado especial dentro de la historia.
Las voces también forman una parte fundamental de la cinta. Toni Collette interpreta a Mary adulta, Philip Seymour Hoffman presta su voz a Max y Barry Humphries funciona como narrador, acompañando una historia que puede ser divertida en un momento y profundamente triste apenas unos minutos después.
Pero quizá lo que hace especial a Mary and Max es que no intenta presentar una amistad perfecta. Sus protagonistas se equivocan, se lastiman y atraviesan momentos difíciles. La película habla de aceptar las imperfecciones de los demás, pero también de comprender las propias.
Con humor negro, una extraordinaria animación artesanal y una historia alejada de las fórmulas tradicionales, Mary and Max es una de esas películas que probablemente no olvidarás después de verla. Puede parecer una sencilla historia sobre dos amigos por correspondencia, pero detrás de sus figuras de plastilina existe una reflexión mucho más profunda sobre lo complicado —y necesario— que puede ser conectar con otra persona. .




