El hecho de haber sido rodada antes del actual conflicto entre Estados Unidos e Irán le da a Operación Teherán (The Fix, título aún sin estreno confirmado en cines de España el 16 de octubre) un aire algo anacrónico, aunque encaja bien con sus mensajes políticos difusos. Esta producción del guionista y director israelí Guy Moshe sitúa a un grupo de exagentes de la CIA, liderados por Zachary Levi, en una peligrosa misión encubierta en Teherán. Con activistas disidentes, riqueza oculta de antes de la República Islámica y múltiples traiciones, este pulido aunque algo torpe thriller resulta entretenido, pero no del todo satisfactorio.
El primer acto transcurre durante la evacuación de Kabul en 2021. Tucker (Levi) y sus hombres reciben la orden de su superior, Larry (Liam Neeson), de rescatar a un aliado local antes de que sea capturado por los talibanes. Tucker toma decisiones que contradicen las órdenes, lo que salva vidas, pero provoca el despido de todo su escuadrón.
Una misión que arranca en Kabul
De vuelta en Estados Unidos, los seis hombres se readaptan con dificultad a la vida civil, incluido Tucker, quien evita a su exesposa e hijo. La necesidad de reunir al equipo surge cuando Larry, cuyas migrañas se han convertido en demencia precoz, revela que él y otro agente ocultaron millones en Teherán durante la caída del sha en 1979.
Haciéndose pasar por periodista, Tucker entrevista en París a la examante del hombre mayor, dispuesta a revelar la fortuna oculta a cambio de que rescate a su hija Maryam (Lara Wolf), escondida en Irán por su activismo. El equipo se reúne y cada uno adopta una identidad falsa: Tucker se hace pasar por un neozelandés exportador de alfombras, junto a su falsa esposa Zara (Elnaaz Norouzi), una estudiante reclutada sin conocer el verdadero propósito del viaje.
Traiciones y giros en Teherán
La misión fracasa por su comportamiento temerario. Tucker y sus compañeros terminan secuestrando a un alto funcionario (Navid Negahban) para acceder al edificio, ahora instalación militar, donde el dinero permaneció oculto durante décadas. El grupo, con Quincy Isaiah entre sus filas, se topa con la duplicidad a cada paso, en una acumulación excesiva de giros. Pese a actuaciones correctas, los personajes no están construidos con la solidez necesaria para que tantas vueltas de guion resulten creíbles.
Moshe tampoco parece un director de acción nato: las escenas están bien coreografiadas, pero sin llegar a ser impactantes, y la tensión decae en ocasiones. Aun así, la cinta alcanza su mejor momento hacia los dos tercios, antes de perder ritmo. La fotografía panorámica de Larry Smith juega a su favor, aprovechando localizaciones donde Georgia, el país, sustituye a Irán. Algunos efectos digitales dudosos son el único punto débil de un montaje técnico decente.
El guion, que abre con una cita bíblica en pantalla, roza el chovinismo conservador sin llegar a ser explícito, y las críticas a la política estadounidense solo mencionan a presidentes demócratas. Hay diálogos manidos, muchos interpretados por Neeson, quien, pese a su peso en la publicidad, queda relegado a un segundo plano casi toda la cinta.
Operación Teherán se ve con facilidad, aunque no logra la épica ni la conclusión convincente que persigue. La trayectoria irregular de Moshe sugiere que aún no ha encontrado su vocación: hace veinte años debutó con Holly, drama sobre expatriados en Camboya, para luego pasar por Bunraku y por la ciencia ficción de LX 2048, propuestas vistosas pero desiguales.
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