Vintage Violence, dirigida por Eugene Kotlyarenko, es una película que habla directamente de la cultura estadounidense obsesionada con los teléfonos móviles. Esta trepidante aventura de acción se estrena mundialmente el 12 de septiembre en el Festival Internacional de Cine de Toronto y narra la historia de Carter Tipe (Cole Sprouse), un streamer que descubre un alijo de vaqueros vintage en una cueva. Una fan japonesa llamada Izumi (Kiko Mizuhara) lo anima a llevarlos a su país para venderlos y ganar una fortuna, y la situación se complica cuando Carter huye de la policía, de criminales, de estafadores y de la Yakuza.
Vintage Violence (título aún sin estreno confirmado en España) se siente moderna gracias a sus imágenes caleidoscópicas. La pantalla se divide a veces entre la transmisión en vivo de Carter, llena de comentarios de fans y emojis, y las personas que la ven en Japón. La cámara se mueve constantemente y la información visual, luces, colores, sonidos y movimiento, inunda al espectador, en una apuesta por conectar con un público acostumbrado a revisar el móvil mientras ve una película o serie.
Kotlyarenko, cuya película anterior fue el thriller de 2020 Spree, también centrado en internet, afirma que el estilo online era esencial para la historia que quería contar.
Una tesis sobre las pantallas
"Estamos tan conectados con las pantallas que estas reconfiguran nuestros cerebros para procesar la información y la narrativa de manera diferente", afirma el director. "En las últimas dos décadas he visto cómo esto ha cambiado no solo nuestra atención, sino también nuestras expectativas sobre lo que es la narración. El atractivo de las redes sociales implica una inmersión activa en lugar de la pasiva del cine, así que pensé que era importante integrar esas pantallas en el lenguaje cinematográfico".
Aunque su técnica es extremadamente moderna, al cineasta le reconforta saber que otros grandes del cine también han traspasado límites visuales y tecnológicos. "Hay cineastas muy al día con la tecnología, como Brian De Palma o Pedro Almodóvar, que siempre hace algo que se siente contemporáneo. Busco qué es lo interesante en la forma en que los maestros conciben las cosas y aporto mi propia energía", explica.
Buena parte de la cinta se rodó en Japón con un equipo local, en homenaje a la cultura cinematográfica del país. Kotlyarenko, junto con su director de fotografía Sean Price Williams, experimentó siguiendo los pasos de las leyendas del cine japonés.
El homenaje al cine japonés
"Trabajo con una grúa todos los días y tengo una Steadicam desde hace un par de semanas. Me siento como un niño en una tienda de dulces", dice. "El lenguaje de los cineastas japoneses que admiro es muy dinámico. Cuando pienso en Imamura, Ōshima, Miike u Obayashi, veo que experimentan constantemente con distintas técnicas dentro de la misma película. Quería capturar ese espíritu".
La insistencia del director en la verosimilitud tecnológica incluía elementos que normalmente se añaden en la postproducción. "Antes de ir a Japón tuvimos que grabar a Carter en la cueva para tener el montaje de la transmisión en vivo. No quiero usar una pantalla verde en un teléfono; quiero que la interacción sea totalmente natural", señala.
En definitiva, pese a su aire moderno, Kotlyarenko sostiene que Vintage Violence aborda una idea fundamental del cine. "Si alguna vez has visto casualmente el teléfono de otra persona en un espacio público, eso es una forma de voyeurismo emocionante. La historia del cine es, en cierto modo, la historia del voyeurismo, y los teléfonos ofrecen un tipo apenas explorado, pero muy real", concluye el cineasta.
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