Benjamín Naishtat llega a Toronto y San Sebastián con Glaxo, una de las películas latinoamericanas más esperadas del año. El director de Rojo regresa a un retrato inquietante de la psicología colectiva argentina, tras el registro más ligero de Puán, comedia que codirigió con María Alché. La cinta se estrena en Toronto y debutará después en Europa, en San Sebastián.
La historia se despliega en tres líneas temporales. La primera transcurre en Florida, a las afueras de Buenos Aires, el 6 de junio de 1956, bajo la dictadura militar, y se basa en hechos reales narrados por el escritor argentino Rodolfo Walsh. Un año después, ya en Chivilcoy, el excomisario Folcada llega junto a su esposa, Negra Morcada, interpretada por Lali Espósito, y trastoca la vida de cuatro amigos adolescentes. La tercera línea se sitúa en 1984, cerrando un relato que Variety define como una mirada más amplia sobre la misma época oscura de Rojo.
La producción reúne a la brasileña RT Features, de Rodrigo Teixeira, y a la argentina Rei Pictures. Glaxo se inspira en la novela homónima de Hernán Ronsino, coguionista junto a Naishtat, quien a su vez bebió de "Operación Masacre", el libro pionero de no ficción de Walsh.
Tres líneas temporales y una traición
Naishtat explica que la novela lo atrapó por su estilo austero, cercano a la novela policíaca estadounidense, y por su conexión con Walsh. El narrador, Miguelito, resume la trama como la historia de una traición, aunque el director matiza que en realidad son varias traiciones simultáneas. "No creo que la película pretenda darnos una respuesta, sino que simplemente nos plantea la pregunta", asegura, en paralelo con la célebre pregunta de Mario Vargas Llosa en "Conversación en la catedral".
El cineasta reconoce que la impunidad del poder atraviesa toda la trama, desde el comisario Folcada hasta la propia corporación Glaxo, y señala que los episodios históricos de 1956 que abren la película siguen sin resolverse judicialmente. Junto a ese eje, Naishtat reivindica el género de iniciación, al que describe como una etapa universal marcada por el enamoramiento y su poder devastador sobre quienes aún no saben bien quiénes son.
En lo visual, el director volvió a trabajar con el fotógrafo Pedro Sotero, su colaborador en Rojo. Cada época tiene su lenguaje: el prólogo evoca el cine clandestino latinoamericano de los setenta, la sección central bebe del melodrama de los cincuenta, y los ochenta se filmaron en CinemaScope para acentuar el cine negro.
La crisis del cine argentino
Naishtat subraya que el rodaje íntegro en Brasil, pese a estar la historia ambientada por completo en Argentina, respondió a una decisión forzada por la falta de financiación pública, y atribuye esa situación a los recortes del actual Gobierno argentino, al que acusa de librar una guerra abierta contra la cultura.
El cineasta advierte que esa falta de apoyo frena el surgimiento de nuevas voces fuera de Buenos Aires, en ciudades como Córdoba o en la Patagonia. Él mismo sigue trabajando gracias a coproducciones con Brasil y Francia, pero admite que empezar una carrera hoy en Argentina sería mucho más difícil. "Somos un país con una gran tradición cinematográfica y ahora está en grave peligro", lamenta, cerrando así su reflexión sobre el cine argentino.
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