No hace falta ver con detalle si el Diablo viste bien: en The Spiral, la nueva propuesta de terror de Paolo Strippoli, queda claro desde el primer plano. Gabardina camel ceñida al cinturón, cabello impecable y un cigarrillo que maneja como un puntero láser. Con esa estampa de cine negro llega la Lucifer que interpreta Valeria Bruni Tedeschi, quien apenas necesita sus encantos de femme fatale para manipular a Anna (Jasmine Trinca), una madre acomodada que carga con los peores miedos de cualquier progenitor.
Es el cuarto largometraje del especialista italiano en terror, de 33 años, y el primero en competir en la sección oficial del Festival de Venecia, un ascenso que algunos podrían considerar prematuro frente a los placeres algo superficiales de esta cinta. The Spiral llega tras La sonrisa del mal, una historia más compleja sobre el trauma y la fe que brilló fuera de competición el año pasado.
Puede que la selección responda a una autocrítica del propio festival, o quizá haya pesado la presencia estelar de Bruni Tedeschi, veterana del cine de autor europeo. En cualquier caso, esta elegante producción consolida a Strippoli como un autor a seguir dentro del género y podría catapultarlo al mercado internacional.
Una tormenta que arrastra secretos
La película deja claras sus intenciones desde el arranque con un diseño de sonido maximalista a cargo de Quentin Collette: fenómenos que rugen al unísono mientras la cámara enfoca una mano aferrada al reposabrazos de un avión sacudido por turbulencias. Fuera de la ventanilla se forma un ciclón inquietante, la primera de varias espirales visuales que recorren la cinta.
De vuelta en tierra, una tormenta empapa Roma cuando Anna aparece sin avisar en casa de su hija adulta, Alice (Romana Maggiora Vergano), decidida a confesar un secreto que no puede esperar más. El relato retrocede un cuarto de siglo, hasta Bari, donde Anna y su marido Walter (Adriano Giannini) forman una familia aparentemente perfecta, tan perfecta que su hija Alice, de siete años, acaba de protagonizar un anuncio de pasta.
Un pacto imposible de romper
Todo se derrumba en una fiesta familiar, cuando el perro de la casa ataca a la pequeña Alice y los médicos advierten que perderá la pierna. Desesperada, Anna busca refugio en una capilla y allí aparece la misteriosa mujer de Bruni Tedeschi, conocida como La Extraña. Su propuesta es sencilla y perturbadora: puede salvar la pierna de Alice, pero a cambio deberá sacrificar a su hermano mayor, Tobia (Alessandro Carbonara). Fuera de sí, Anna acepta.
A partir de ahí, Strippoli despliega con evidente disfrute años de consecuencias cada vez más macabras, dejando al espectador la tarea de decidir si su tono es un desliz del guion o una broma deliberada sobre la obsesión italiana con la imagen y la culpa católica. El director quiere que disfrutemos del recorrido, ruidoso y accidentado, y en buena medida lo consigue.
Sin embargo, el guion termina volviéndose sobre sí mismo: la estructura de saltos temporales resta tensión, y el gran secreto de Anna, revelado con demasiada rapidez, no logra el peso moral que la historia necesitaría. Aun así, la refinada Satán de Bruni Tedeschi sigue encontrando ocasiones para renegociar su pacto original, aportando a la película una inyección de energía camp que compensa parte de sus carencias narrativas.
movil.jpg)



