Galicia ha vivido históricamente mirando al mar, pero no siempre ha podido recorrerlo desde la costa. La fragmentación de los caminos, las propiedades privadas, las carreteras, los puertos y una planificación dividida entre administraciones han impedido que buena parte del litoral funcione como un espacio público continuo. El Camino del Litoral pretende corregir esa discontinuidad con una propuesta tan sencilla de explicar como compleja de ejecutar: conectar toda la costa gallega mediante una gran ruta que pueda recorrerse, en ambos sentidos, a pie o en bicicleta.
El proyecto promovido por la Xunta contempla un itinerario de unos 1.300 kilómetros, dividido en 52 etapas, desde A Mariña lucense hasta el sur de las Rías Baixas. Atravesará paisajes muy diferentes, como las Rías Altas, el Golfo Ártabro, Bergantiños, la Costa da Morte y las Rías Baixas. La ruta pretende reunir en un mismo trazado patrimonio natural, cultura marítima, servicios turísticos y productos locales, con una inversión inicial próxima a los dos millones de euros para mejorar recorridos y establecer una señalización homogénea.
La dimensión de la iniciativa se entiende mejor al observar el territorio sobre el que actuará. Galicia posee alrededor de 2.555 kilómetros de litoral, el más extenso de España, debido a la sucesión de rías, cabos, ensenadas, islas y playas que multiplica la longitud de su costa. Esa singularidad, que constituye uno de sus principales valores ambientales y paisajísticos, también dificulta cualquier intento de construir una ruta continua.
Galicia proyecta una gran senda costera dividida en 52 etapas bidireccionales. A su vez, Oleiros aspira a enlazar sus 26 kilómetros de litoral mediante caminos públicos
El Camino del Litoral tiene, por ello, un considerable potencial turístico, pero sería un error juzgarlo únicamente por su capacidad para atraer visitantes. Su principal virtud puede residir en la vertebración de los municipios costeros y en la creación de una infraestructura útil durante todo el año para quienes viven en ellos. Una senda bien integrada permite caminar, desplazarse en bicicleta, acceder a playas y espacios naturales, conectar núcleos urbanos y recuperar terrenos hasta ahora cerrados al uso público.
Parque natural As Trece Rosas en Oleiros, con A Coruña al fondo. / Mundiario
El área metropolitana de A Coruña, la más avanzada
El proyecto adquiere una dimensión especialmente significativa en el área metropolitana de A Coruña. Allí, actuaciones impulsadas durante años por distintos ayuntamientos pueden acabar conformando un corredor costero de cerca de 59 kilómetros entre Barrañán, en Arteixo, y Mera, en Oleiros. La mayor parte de esa ruta ya existe y los tramos pendientes se encuentran proyectados o en distintas fases de planificación. Si Arteixo prolonga el camino hacia Caión y Sada consigue avanzar desde su casco urbano hasta Gandarío, la red podría alcanzar una dimensión todavía mayor.
Dentro de ese mapa sobresale Oleiros, no solo por la belleza de su litoral, sino por la ambición de su proyecto municipal. El concello dispone de 26 kilómetros de fachada marítima, desde el límite con Cambre, en la ría de O Burgo, hasta el puerto de Lorbé. El objetivo del gobierno local es que toda esa costa pueda recorrerse mediante una sucesión de sendas públicas, salvando las interrupciones que todavía obligan a desviarse hacia viales interiores.
La aspiración recuerda, con las necesarias diferencias, al paseo marítimo de A Coruña. La ciudad construyó desde los años noventa una infraestructura que transformó su relación con el océano y que hoy constituye uno de sus espacios públicos más reconocibles. Oleiros no necesita reproducir aquel modelo urbano de asfalto, farolas y mobiliario. Su costa exige soluciones más ligeras, integradas en el paisaje y adaptadas a espacios ambientalmente sensibles. Pero sí puede compartir la idea esencial: garantizar que el mar sea accesible y que el litoral funcione como un gran espacio público.
El avance más importante se está produciendo entre Naval y Canide, en la franja atlántica de Dorneda. El concello que preside Ángel García Seoana, Gelo, tomó posesión en enero de los terrenos necesarios para abrir un trazado de 2,5 kilómetros sobre una superficie aproximada de 29.631 metros cuadrados. La operación obligó a adquirir 61 parcelas de suelo rústico por unos 270.000 euros, después de obtener la autorización de la Demarcación de Costas para un proyecto presentado en 2021.
Las obras, con un coste superior al millón de euros, permitirán construir un itinerario ciclopeatonal de seis metros de ancho y abrir al uso público una parte de la costa que permanecía en manos privadas. El nuevo tramo enlazará con el corredor verde que comienza en Santa Cristina y continúa por Bastiagueiro y Santa Cruz. Será, además, una alternativa a los viales interiores entre Santa Cruz y Mera, siguiendo el litoral de Dorneda.
Ángel García Seoane ha definido el entorno como “una zona preciosa, con un paisaje hermosísimo”. La afirmación resulta difícil de discutir, pero precisamente esa calidad paisajística obliga a actuar con cuidado. Una senda litoral no debe convertirse en una urbanización encubierta de la costa. Su diseño tendrá que reducir movimientos de tierra, preservar la vegetación, ordenar el uso de la bicicleta y evitar que el aumento de visitantes deteriore aquello que se pretende poner en valor.
En la cara interior del municipio, junto a la ría de O Burgo, el objetivo está más próximo. El recorrido comprendido entre el puente de A Pasaxe y el límite con Cambre suma unos cuatro kilómetros, pero conservaba dos pequeñas interrupciones. Las obras en los 400 metros de O Graxal comenzaron en noviembre y las del tramo de O Paraíso, de unos 200 metros, arrancaron en febrero.
La senda, bautizada con el nombre del expresidente uruguayo José Mujica, deberá estar terminada como muy tarde en septiembre, al contar con financiación europea sujeta al cumplimiento de plazos. Cuando se complete, reforzará una circunvalación peatonal de la ría en la que participan Oleiros, Cambre, Culleredo y A Coruña. Es uno de los ejemplos más claros de que el litoral no entiende de fronteras municipales y de que las actuaciones aisladas solo alcanzan todo su valor cuando enlazan con las del municipio vecino.
Oleiros parte, además, de una experiencia apreciable en movilidad peatonal. Su política de caminos recibió uno de los Premios Ciudades que Caminan en 2025 y se convirtió en motivo central del calendario municipal de 2026. La senda de San Pedro, con cuatro kilómetros entre Iñás y O Seixo, demuestra que estas infraestructuras no tienen por qué limitarse al borde del mar. También pueden recuperar entornos fluviales y unir áreas comerciales, residenciales y recreativas sin recurrir al automóvil.
La senda, de unos tres metros de anchura, atraviesa un ámbito de más de 173.000 metros cuadrados y cuenta con bancos, fuentes, paneles informativos, aparcamientos para bicicletas, áreas de descanso y aseos adaptados. Su interés reside tanto en el paseo como en la movilidad cotidiana: conecta el entorno comercial de Iñás con la entrada de O Temple y, desde allí, con las rutas situadas a ambos lados de la ría.
El horizonte, sin embargo, va mucho más allá de Oleiros. Arteixo ha construido durante años cerca de 12 kilómetros de paseo entre Barrañán y Suevos, bordeando el puerto exterior de Langosteira, y aspira a completar la conexión con Bens. Apenas tres kilómetros separan todavía su paseo de la entrada en A Coruña. Hacia el oeste, la intención municipal es alcanzar Sorrizo y dejar abierta una futura prolongación hasta Caión.
Senda San Roque - O Portiño del paseo marítimo de A Coruña. / Mundiario
En A Coruña, 12 kilómetros de paseo marítimo
A Coruña dispone de más de 12 kilómetros de paseo marítimo urbano, aunque mantiene dos discontinuidades. Una se sitúa entre O Portiño y Bens, donde ya existe una senda de tierra que podría acondicionarse para peatones y ciclistas. La otra se encuentra entre Oza y A Pasaxe y depende en buena medida del desarrollo de As Xubias y de la posterior conexión con Fonteculler, en Culleredo. Es una distancia superior a la que separa el Pirulí de RTVE del aeropuerto de Barajas (11.4 kilómetros).
En ambos casos, una intervención blanda parece más adecuada que la reproducción del paseo clásico construido entre el dique de Abrigo, la Torre de Hércules, las playas urbanas y el Millennium. El éxito de una ruta costera contemporánea no debería medirse por la cantidad de hormigón utilizado, sino por su continuidad, seguridad, accesibilidad y capacidad para integrarse en el entorno.
Culleredo y Cambre completan la red alrededor de la ría de O Burgo. El primero ha ganado, con las actuaciones realizadas, una zona verde de unos 50.000 metros cuadrados y casi cuatro kilómetros de paseo. Cambre mantiene un recorrido de cerca de un kilómetro entre el puente romano y el límite con Oleiros, además de la popular senda del río Mero, que une durante unos diez kilómetros la presa de Cecebre con la ría.
Al otro lado de Oleiros, la continuidad hacia Sada presenta mayores dificultades. El gobierno local sadense no contempla por ahora la unión entre Lorbé y el casco urbano debido a los obstáculos técnicos, pero sí trabaja con la idea de crear una senda hasta Gandarío. La propuesta plantea una pasarela de madera que conecte los arenales y facilite el paso de peatones y ciclistas, aunque deberá someterse a un análisis ambiental especialmente exigente.
Esta diversidad de actuaciones revela al mismo tiempo la fortaleza y la debilidad del Camino del Litoral. La fortaleza consiste en que no parte de cero: aprovecha paseos, caminos tradicionales, sendas fluviales y corredores verdes construidos durante décadas. La debilidad es la ausencia de una dirección única. Xunta, Estado, diputaciones, ayuntamientos y autoridades portuarias tienen competencias distintas, y un solo tramo bloqueado puede romper una ruta de decenas de kilómetros.
La inversión anunciada, cercana a los dos millones de euros, parece razonable para señalizar y ordenar los itinerarios existentes, pero será insuficiente si se pretende resolver las conexiones más complejas. El éxito requerirá un programa plurianual, acuerdos entre administraciones, criterios comunes de mantenimiento y una evaluación ambiental que no se convierta ni en una simple formalidad ni en una excusa para la parálisis.
La aplicación Conecta Litoral puede aportar información sobre las etapas, el patrimonio y la oferta turística. Será útil si incorpora recorridos actualizados, niveles de dificultad, accesibilidad, fuentes, alojamientos, transporte público, talleres de bicicletas y avisos sobre cortes temporales. Pero ninguna herramienta digital sustituirá la calidad física del camino. Una ruta mal conservada, insegura o interrumpida seguirá siéndolo por mucho que aparezca perfectamente dibujada en una pantalla.
Parque de las Trece Rosas en Oleiros (A Coruña). / Mundiario
Oleiros, una referencia para Galicia
Como antesala del Xacobeo 2027, el Camino del Litoral ofrece a Galicia la posibilidad de diversificar su modelo turístico. La comunidad ha demostrado con los Caminos de Santiago que una ruta puede ordenar el territorio, generar actividad económica y proyectar una identidad internacional. La costa plantea, sin embargo, exigencias diferentes: es más frágil, soporta una intensa presión estacional y alberga ecosistemas que deben quedar al margen de cualquier explotación desmedida.
El equilibrio consistirá en atraer visitantes sin expulsar a los residentes, promover negocios locales sin banalizar el paisaje y mejorar la accesibilidad sin convertir cada tramo en una obra urbana. También será necesario prevenir conflictos entre caminantes y ciclistas, especialmente en los puntos estrechos, y garantizar alternativas para personas con movilidad reducida allí donde las condiciones lo permitan.
Oleiros puede convertirse en uno de los mejores escaparates de ese modelo. Su proyecto combina la recuperación pública del litoral, la conexión entre núcleos y la creación de una red peatonal que mira tanto al océano como a la ría. La culminación del tramo Naval-Canide y de las conexiones de O Graxal y O Paraíso acercará al municipio a una aspiración mantenida durante años: poder recorrer sus 26 kilómetros de costa sin dar la espalda al mar.
No será exactamente otro paseo marítimo como el de A Coruña, ni convendría que lo fuese. Será una infraestructura más diversa, compuesta por paseos urbanos, caminos naturales, tramos fluviales y sendas de tierra o madera. Su unidad no dependerá de que todo tenga el mismo pavimento, sino de que exista continuidad y una orientación común.
El Camino del Litoral tiene futuro porque responde a varias necesidades simultáneas: caminar, pedalear, conservar, conocer y conectar. Si las administraciones logran coordinarse y el respeto ambiental guía las decisiones, Galicia puede dotarse de una gran infraestructura pública que vertebre su costa sin desfigurarla. Y Oleiros, con 26 kilómetros de fachada marítima y una política sostenida de recuperación de caminos, está en condiciones de convertirse en uno de sus tramos más ambiciosos y representativos. @mundiario




