Una fotografía en la entrada, el silencio de una casa rota por el dolor, y el rostro de una hija que ya no está. Han pasado dos meses desde aquella noche del 8 de abril en que el techo del Jet Set se desplomó, y desde entonces la vida de Anastacio Peguero cambió para siempre.
Su hija, Clarisleny Peguero Castro, de apenas 20 años, era su “princesa”, la menor de sus dos hijos, una estudiante brillante de Ingeniería Comercial en INTEC, que se preparaba para graduarse con honores el próximo año.
Anastacio Peguero observa el retrato de su hija colocado a la entrada de la casa.
Aquella noche fue a ver a Rubby Pérez, su ídolo, junto a sus padres. Había insistido tras emocionarse con el homenaje que recibió en Premios Soberano.
La alegría se transformó en ruina. Mientras bailaban y tomaban fotos, nadie imaginaba que la estructura del lugar colapsaría. Anastacio recuerda ver caer escombros como algo cotidiano, ya que en una visita previa, en diciembre, ocurrió algo similar. Los empleados usaban escobas y palas, y la velada siguió sin alarmas.
Pero de repente vino la oscuridad, los gritos y el caos. Anastacio despertó en el suelo, atrapado, con la pierna derecha aplastada por una viga, sin poder moverse, escuchando el llanto de su esposa y gritando desesperadamente el nombre de su hija: “Clarisleny, Clarisleny”.
Durante 13 horas permaneció bajo los escombros, aferrado a la esperanza de que su hija hubiese logrado salir ilesa. Soñaba que había corrido a tiempo, que estaría bien, mientras su cuerpo resistía el peso y el dolor.
Fue rescatado pasada la 1:00 de la tarde del martes y trasladado al Hospital Central de las Fuerzas Armadas. Allí, su única petición era saber sobre su hija. Un amigo, buscando calmarlo, le mintió diciéndole que Clarisleny estaba en el Hospital Ney Arias Lora.
Nadie volvió a mencionarle su condición. Cuatro días después, ya fuera de cuidados intensivos, recibió la noticia que temía: su hija había fallecido esa misma madrugada. “Sentí que la vida se me fue. Todavía no lo creo. Le pedí a Dios que me quitara todo, menos a ella”, dijo entre lágrimas.
Mientras él ya puede caminar sin muletas, su esposa, Claribel Castro, permanece en cama con múltiples lesiones en la pelvis, pierna y brazo. Exámenes recientes indican obstrucciones arteriales y desgarros, que mantienen su condición delicada.
Anastacio Peguero muestra el dolor por la muerte de su hija, dos meses después de la tragedia. Anastacio, entre oraciones y lágrimas, no busca solo justicia humana, sino divina. Ora cada día por su hija, “para que Dios la tenga en un buen lugar”, y asegura que se unirá a las más de 65 querellas presentadas por familiares contra los dueños del Jet Set.

El hecho, que dejó 236 víctimas fatales y más de 180 heridos, ocurrió durante la presentación del merenguero Rubby Pérez, también fallecido en el evento. Desde entonces, las investigaciones y denuncias siguen abiertas en la Fiscalía del Distrito Nacional.
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